jueves, 12 de septiembre de 2013

MARÍA: ILUMINADA, SEÑORA Y ESTRELLA

Con piedad y paciencia los últimos papas han ido recogiendo lo que la reforma litúrgica postconciliar desechó. Es el caso de la fiesta de hoy, el Santo Nombre de María, que el beato Juan Pablo II, en el 2001, volvió a incluir en el calendario romano; y se lo agradecemos de corazón, porque quisiéramos que el dulce nombre de María no cesase jamás de estar en nuestros labios. A continuación recojo un hermoso extracto del comentario de Santo Tomás de Aquino al Avemaría:

“En la antigüedad era sumamente honroso para los hombres que se le apareciesen los ángeles, y consideraban timbre de gloria haber tenido ocasión de tributarles reverencia. En elogio de Abrahán se escribe que dio hospitalidad a ángeles y les rindió homenaje. Pero que un ángel tributase reverencia a un ser humano jamás se había oído hasta el momento en que saludó a la Santísima Virgen diciéndole respetuosamente: “Dios de salve”.
La razón de que antiguamente fuesen los hombres quienes reverenciaran a los ángeles y no al revés, estriba en el hecho de que los ángeles eran superiores a los hombres, y esto en tres aspectos: Primero, por su dignidad… Segundo, por su intimidad con Dios… Tercero, por la plenitud del fulgor de la gracia divina…
Por tanto, no era decoroso que un ángel tributase reverencia a un hombre hasta que se encontrara en la raza humana una persona que lo sobrepasara en esos tres aspectos. Esta persona fue la Santísima Virgen. Dando a entender que ella sí le aventajaba, quiso el ángel rendirle homenaje, y la saludó diciendo: “Dios te salve”.  Así, pues, la Santísima Virgen sobrepasó a los ángeles en los tres aspectos referidos.
Primero, en plenitud de gracia… Y de tal manera es llena de gracia, que sobrepasa en su plenitud a los ángeles. Por eso con razón se le llama “María”, que quiere decir “iluminada”: El señor llenará tu alma de resplandores (Is 58, 11), y significa además “iluminadora de otros”, por referencia al mundo entero; y se la compara a la luna y al sol.
Segundo, es superior a los ángeles en intimidad con Dios…De tal manera es más íntima de Dios la Virgen Santísima que cualquier ángel, que con ella está Dios Padre, Dios Hijo, Dios Espíritu Santo, es decir la Trinidad completa. Por eso se le canta: “de la augusta Trinidad noble aposento”.
Esas palabras “el Señor es contigo”, son las más excelsas que se le podían haber dicho. Con razón, pues, el ángel reverencia a la Virgen, por ser Madre del Señor, y Señora por tanto. Y le conviene muy bien el nombre de “María”, que en siríaco quiere decir “Señora”.
Tercero, excede a los ángeles en limpieza…La Virgen quedó a cubierto de toda maldición, y por ello, “bendita entre las mujeres”; porque sólo ella conjuró la maldición, trajo la bendición, y abrió la puerta del paraíso. Por este motivo le va el nombre de “María”, que significa “estrella del mar”; como la estrella del mar orienta a puerto a los navegantes, así María dirige a los cristianos a la gloria” (Tomás de Aquino, Collationes super Avemaria).

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